No se por donde empezar… Noche loca (bueno, según mis compañeros de farra, de las más flojas, pero ya me diréis). El caso es que desde mi solitaria meditación en el estudio no me apetecía salir. Por tercera vez en esta semana el bueno de Aitor me preguntó que si quería ir de marcha con él, con el plus de que era su última noche (salió el viernes en el vuelo de las 23h. para España). Accedí. Habíamos quedado con Carallo (si como leéis, Carallo, todo un personaje: un gallego de madre, padre puertorriqueño, con nacionalidad EEUU/Spain y que da clases en BBAA. de Valencia y, desde hace tres años, cada vez que tiene unos días de vacaciones, se viene a Pekín a vivir la vitta) y con su chica, Che Lín (la principal de las 11 novias de Carallo).
Como el bus que nos lleva la ciudad, el 944, no iba a la zona de Sanlitun (o Xisanlitun) nos fuimos andando hasta una zona transitada para pillar un taxi. Los taxis normales pasaban de nosotros, no paraban o paraban y se largaban antes de llegar nosotros ¿?. Así que fuimos a por un taxi pirata, que suelen ser más caros que los oficiales, nos preguntó que cuanto —50¥—, ok a la primera, ¡¡cáspitas, teníamos que haber dicho una cifra más baja y regatear!!. De ese modo llegamos a la zona de Sanlitun, que es la de las embajadas pero, a su vez, se ha generado allí la zona de marcha internacional: mucho pijo, mucho moderno y mucho guiri. Como Carallo, Che Lín y una amiga estaban cenando (según nos contaron después, se pimplaron 13 platos en un restaurante) nosotros nos pillamos unas pinchos, como los morunos pero sin cerdo. Puedes comerlos de cualquier cosa: víscera de pollo, de criadillas de cordero, de berenjena, de alitas de pollo, mazorcas de maíz, etc. En la calle te lo preparan in situ sobre un brasero. Una vuelta por la zona, con supertienda Mac abierta por la noche, todas las marcas de lujo y ropa, etc. Aitor me presento al corresponsal de El Periódico de Cataluña, Adrián Foncillas, y caña en un bar llamado “Salud”, o sea, con “estilo español”, para continuar en un bar “mejicano” donde habíamos quedado con la pareja. Varias cervezas Yanjing y yo tenía aún hambre, así que pedí un burrito. Me trajeron un mojito (que no retiré de la mesa). Finalmente llegó el burrito que parecía que habían metido al burro dentro de lo grande que era, menos mal que me ayudó Aitor. Recenados seguimos con margaritas, de vez en cuando Aitor nos invitaba a más pinchos de alitas de pollo y la botellita de pacharán chino que se trajo Carallo… Al rato aparecieron dos americanos, vaya dos, de unos 25 años uno parecía de ascendencia galesa y el otro, según él, italoamericano (se notaba por el entrecejo aunque llevaba el pelo de punta teñido de rubio). Ah!!! se autopresentaron como neoyorquinos, pufff!!! qué impresentables. Bueno, el galés en el fondo era majo pero el italoamericanooo, guau, parecía que se iba a comer el mundo, que poses que cosas decía, yo flipaba, parecía Carlito’s el guays interpretado por Al Pacino (o quería parecerse). Sacó Carallo su Leica digital para hacer unas fotos y el italo vacilando de que tenía una Lumix, nos decojonamos todos de él. Aún más, Carallo se puso a hablarle en italiano y éste no se coscaba de nada. Una vez que se sintieron elegantemente humillados se fueron (después nos enteramos que Che Lín les había phoneado para que viniesen y reirnos un rato). La Che Lín es una tía supermaja, hiperactiva y muy divertida, estuvimos unas cuantas horas vacilándonos unos a otros y partiéndonos de risa con ella y Carallo. Al final se quedó dormida. Por cierto, te encuentras chinos dormidos por cualquier parte y a cualquier hora. ¿? En la acera, por ejemplo, mientras hay un grupo en cuclillas jugando a las cartas… Leer el resto de esta entrada »

