TMori

Desde China con amor #13

In Desde China con amor on 21 de septiembre de 2010 at 04:18

Huy, mal fairo, el post número 13 (a ver que tal sale). Nos quedamos en que si iba a la inauguración de la colectiva en la que estaba Judas, “Get It Loder 2010: SHARISM“. Pues sí. No me pude resistir al encanto de Javi y me fui con él hasta Sanlitun (la zona de copas de las embajadas, donde sucedió la famosa noche loca). Claro que él, que se había levantado hecho polvo, había pasado todo el día en el estudio y cuando se iba a poner a ver una peli apareció Dandan. Al parecer, estuvieron todo el día relajadamente de charleta, incluso le hizo unas empanadillas con cosas muy picaditas dentro para comer (y lechuga salteada con ajo en aceite de cacahuete). Como me dejaron un par de empanadillas he podido ir descubriendo cachitos de pimiento, de salchicha, de seta, maiz y otros indescriptibles. El caso es que el chaval, como un pincel y más suave que una rosa, llevaba una hora esperándome. La inauguración era a las 19:30h y llegué a las 20h al estudio, en lo que me recuperé eran las 20:30. A esas horas y esa zona sólo podíamos trasladarnos con un taxi pirata. Cerca de la entrada, al lado del super del barrio hay varios, mientras, delante de la farmacias (que está al lado del super), como todas las noches, las parejas bailaban al son de versiones chinas de música pop occidental. Es algo raro, se hace un corrillo y se ponen a bailar, veinte mirando y de dos a cinco parejas dándole al dancing agarrao, en la calle sin luces y con un radiocasete. Hay uno, que parece el profesor y les corrige ¿?

bailongos en la farmacia

Bueno, al del taxi le decimos Sanlitun y nos dice que entremos, ni negociación ni ná. Extrañados, ya de camino, llamamos a Judas. Nos dice que le teníamos que haber llamado antes, se lo pasamos al conductor, negocian y de un viaje que habitualmente son 60 ¥ nos iba a cobrar 80 y sólo le pudo bajar a 75. Vaya par de pardillos. Nos deja en la zona y en el edificio Soho era la muestra. Dos pisos de espacios como tiendecitas con cristalera (superfashion), cada una con un número y un artista distinto. Ya no se si estoy de vuelta o qué, pero no me llamó la atención nada (la mayor parte de las obras me parecían ya vistas hace mucho tiempo) y eran como 200. Un especie de Arco, más cómodo de ver, y con unas chinas modernas guapísimas (lo único que tiene de bueno hoy en día el mundo el arte). Llegamos a las 21:00 y cerraban a las 22:00, la mitad del tiempo lo pasamos buscando un servicio para Javi, hasta que nos encontró Judas. Su obra estaba en un espacio mayor junto a otros artistas pero él era el protagonista con su calamar gigante (el que habíamos ido a encargar uno de los primeros días de mi estancia). Precioso e impresionante (ver fotos abajo). Cuando dejamos a Judas para pillar las copas que regalaba Absolut ya estaban recogiendo y no pudimos beber nada. Seguimos visitando la muestra. Javi no hacía más que decir «¡¡¡una steadycam y con una cámara de la leche!!!». «¡¡¡Una cabeza caliente… guauuu!!!», y yo mirándoles los pelos a los modernos para ver si eran flamígeros, resulta que es un tipo de grúa que se utiliza en televisión. Sólo una pieza me pareció chula: un círculo de metal con multitud de altavoces en línea en el interior del mismo (mediría unos cuatro metros) de modo que cuando estabas en medio había unas células y modificabas el sonido, así que me puse a jugar y la gente se pensaba que era el artista haciendo una demo ;). Terminó el sarao y nos fuimos a comer algo a Sanlitun.

Nos metimos por unas callejuelas hasta un restaurante… chino (cómo no) y nos sentamos en la terraza, hacía buenísimo. La carta debía de tener sesenta páginas con fotos de los platos, mareados pedimos una carne con acelgas, un arroz blanco y cerdo agridulce, ah!!! y unas pillo pinda. Las dos parejas de chinos de la otra mesa se estaban poniendo a vivir (o a morir) no hacían más que sacarles platos, los terminaban y dejaban en el suelo. No me explico cómo narices pueden estar tan delgados después de lo que comen. Salió el jefe, que si el cerdo agridulce no le quedaba y si lo cambiábamos por otra cosa. Ok, costillas agridulces. Estaba todo de muerte, la salsa agridulce ni punto de comparación con la española, la carne asada con acelgas impresionante. ¡¡¡Guau!!! Pero qué bien se come aquí. Sólo eso y ya estábamos más que cenados, mientras que las dos parejas de chinos seguían comiendo.

Bien cenados nos fuimos de copas. Primero en el mejicano del otro día, que al ser domingo se quedó vacío enseguida (debe de haber la misma dinámica en todo el mundo, los domingos no sale casi nadie de marcha) y después nos metimos en el que vimos con más gente. Comenzamos como unos señores en la terraza y en cuanto escuchamos un poquito de ragatón nos metimos dentro a desentumecernos. Si, ya se que tengo la rodilla jodida pero en cuanto me gusta un tema… ¡¡¡a la pista a bailotear!!! Otra vez volví a dejar la pista vacía y me salieron imitadoras, entre ellas una señora que se  puso como una loca a bailar que no hacía más que sonreír y sorber su Baileys. Además de un grupito de diversos colores nacionales (rubia, latina, china morena y china amarilla) que se pusieron a hacer la onda con los brazos. Mientras yo observaba deleitándome la mirada y recreándome en el dolor de la rodilla. Creo, y no es por exagerar, que se corrió la voz y de repente llegó un chino alto y delgado (como la luna) con pinta chulín que no hacía más que mirarnos y bailar… Cielos, pero qué bailes. A su novia la sentó al lado de la pista (muy guapa pero muy seto, inmutable) mientras el cortejaba con sus contoneos al grupo de féminas multicolor. El problema es que resultaba él más fémina que ninguna. Hacía unos pasitos y unos estiramientos que daban vergüenza ajena, y no sólo a mí, Javi opinaba lo mismo. Pero lo más fuerte fue cuando, de repente, se sube a la barra que había en medio de la pista, cuando se deslizaba, cuando se daba la vuelta y se dejaba caer lenta y lánguidamente. ¡¡¡Guau!!!, ni en Showgirls. Lo cierto es que nos entró directamente la señora Baileys y pasamos de él, no se como acabó su historia. La señora Baileys quería marcha, pero no sólo de la de bailar. Nos contó, mientras daba sorbitos a su bebida, que era ejecutiva de una marca farmacéutica de medicina china (completamente distinta a la occidental) y que había vivido cinco años en Hong Kong y llevaba dos en Pekín. No hacía más que preguntar sobre nosotros: que de donde éramos, que en qué trabajábamos, que si eramos pareja o sólo colegas… De repente uno se escaqueaba, se iba al servicio y dejaba al otro con el marrón, pero no podíamos apartar los ojos de su mirada oriental que junto a sus ojeras me recordaba a alguien. Me hablaba y no caía hasta que… ¡¡Cáspitas!!, era la mismísima cara de Yoda. Cuando se lo comenté en castellano a Javi, mientras ella no paraba de hablarnos en inglés, no pudo contener la risa. Ya era demasiado así que nos fuimos. Las tres de la madrugada y los taxis no nos querían llevar cuando les enseñábamos el itinerario (escrito en chino). Finalmente uno se apiadó, 100 ¥ nos pidió, yo que 80, se quedó en 90 (y eso que no era un taxi pirata). A la llegada le dí 100 y no me daba la vuelta, tuve que recordarle el regateo para que, tras una risa, me devolviese los 10.

  1. a ver, Carlos… si giras la cámara y dejas que se te vea un poco y además sales en las fotos…mejor!
    (hazte algún autorretrato hombre)

  2. por suerte, tampoco te da por los calamares (hinchables) gigantes

  3. si Julio Verne levantara la testuz!

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